Carmen de la Peña, voluntaria de Cáritas, pone su experiencia diplomática al servicio de los demás.

Gema Martín Borrego | Fotografías: Inma Cubillo. Cáritas Española

Carmen de la Peña, voluntaria de Cáritas

Cuando Carmen de la Peña ingresó en la carrera diplomática, ser mujer y embajadora era todavía una rareza. Corrían los años setenta y el Ministerio de Asuntos Exteriores seguía siendo un territorio masculino. Hoy, con 72 años y tras una vida profesional dedicada al servicio público, que la ha llevado por todo el mundo, ha decidido poner su tiempo, conocimiento y experiencia al servicio de los más vulnerables.

Mujer embajadora

Carmen estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y aprobó las oposiciones al Cuerpo Diplomático en una época en la que pocas mujeres llegaban a puestos de responsabilidad en la acción exterior de España. Durante más de cuarenta años ocupó destinos dentro y fuera del país, en lugares como China, Brasil, Israel, Reino Unido, Suiza, Catar y Etiopía, país en el que fue embajadora y al que regresó en distintas etapas de su vida. «También fui embajadora ante la Santa Sede, mi último destino antes de la jubilación», añade.

África ha sido fundamental en su carrera y en su vida. «Incluso cuando he estado en Madrid, siempre he estado trabajando en asuntos de África», explica. Conoció Etiopía bajo el régimen comunista, cuando su marido fue nombrado embajador de España en ese país. Años más tarde presenció el periodo de apertura política y económica que siguió a la caída del régimen. «Viví una Etiopía muy oscura y luego una época de esperanza», explica, aunque también matiza que el crecimiento económico «no fue acompañado del mismo desarrollo humano».

Habla del pueblo etíope con respeto y admiración. En su opinión, es un pueblo «maravilloso», que sufre las dificultades estructurales de su país, «especialmente las comunidades rurales que siguen teniendo muchas necesidades».

Como embajadora en Etiopía, Carmen se implicó de manera activa en la cooperación española. Visitó proyectos sobre el terreno, muchos de ellos gestionados por órdenes religiosas y organizaciones humanitarias; colaboró con el Programa Mundial de Alimentos y participó en iniciativas europeas contra la mutilación genital femenina. «Para erradicar algo así tienes que trabajar con la comunidad; si no, no se consigue nada», afirma. También promovió la cultura española y llegó a traducir Bodas de sangre, de Federico García Lorca, al amárico.

También en África vivió de cerca el genocidio de Ruanda, participó en la evacuación de ciudadanos españoles y fue testigo del nacimiento de Sudán del Sur como Estado independiente. «He visto situaciones terribles y también cómo se crea un país», dice.

Al servicio de los demás

Cuando llegó el momento de la jubilación, Carmen decidió hacer voluntariado. Eligió Cáritas porque la cooperación internacional había sido el hilo conductor de su vida profesional y porque quería seguir prestando servicio a la gente.

Ahora ejerce de voluntaria en el Área de Cooperación Internacional de Cáritas Española y lo hace en tareas poco visibles, pero fundamentales para nuestra acción: revisión de proyectos, elaboración de informes y apoyo a la acogida de delegaciones extranjeras y de voluntarios… «Mi objetivo era aportar lo que pudiera a algo que valiera la pena y ¿qué es más valioso que trabajar para los que más lo necesitan?», concluye.