Las crisis que el mundo no mira
Desde el Sahel hasta Haití, Cáritas acompaña a las personas que sufren graves emergencias humanitarias que nadie atiende.
Adela Zamora. Cáritas Española

En un momento en que los ojos del mundo miran con miedo y preocupación a Oriente Medio y al este de Europa, millones de personas enfrentan cada día emergencias silenciosas que no aparecen en los titulares.
Son las crisis olvidadas, aquellas que no ocupan portadas ni reciben la atención política o financiera que sí logran otras emergencias más visibles. Hablamos de realidades severas y prolongadas causadas por conflictos interminables, inestabilidad política, cambio climático o pobreza extrema, y que recorren todo el Sur Global, desde Haití hasta República Democrática del Congo, pasando por Bangladesh, Colombia y Mali.
En 2025, más de 305 millones de personas en el mundo necesitaron ayuda humanitaria urgente, pero la mayoría no la consiguieron porque su realidad está fuera del foco mediático y, por tanto, del apoyo internacional, tanto político como financiero. Este año, además, el impacto de los recortes de la ayuda al desarrollo y humanitaria en Estados Unidos y, en menor medida, en algunos países europeos ha agravado el abandono en el que se encuentran millones de personas.
Sin embargo, para Cáritas Española, las crisis olvidadas sí son uno de sus focos de actuación más importantes. Y lo son desde hace tiempo. Solo el pasado año acompañamos a más de 217.000 personas que sufren un grave abandono humanitario en trece países de todo el mundo (ver página 19).
Estas actividades responden al principio básico de la cooperación internacional de Cáritas: actuar solo cuando hay una emergencia no es suficiente. Es necesario estar antes, durante y después. Esta filosofía resume un modelo de intervención asentado en décadas de trabajo sobre el terreno y que busca algo más profundo que la mera respuesta puntual: acompañar procesos de resiliencia y autonomía a largo plazo.
El valor de “estar antes”
La prevención es una de las partes menos visibles del trabajo humanitario, pero también una de las más eficaces. «Siempre es más complicado justificar la pertinencia y necesidad de trabajar el antes cuando las emergencias se suceden», explica Ana Cristina García Morales, responsable del equipo de Fortalecimiento Institucional en el área de Cooperación Internacional de Cáritas Española. Sin embargo, la experiencia demuestra que anticiparse a los desastres es fundamental: «Prevenir es salvar vidas —insiste Ana Cristina—; y mantener economías funcionando genera una resiliencia que no siempre es tan visible, pero muy necesaria para que, a pesar de las emergencias, las personas afectadas puedan seguir adelante».
Así, Cáritas Española lleva décadas trabajando en la preparación de la población ante posibles desastres naturales, especialmente en países muy expuestos. Filipinas es uno de los ejemplos más claros. Cada año el archipiélago sufre ciclones, inundaciones o terremotos que afectan a millones de personas. Para reducir su impacto, nuestra entidad ha trabajado durante años con las comunidades locales para desarrollar infraestructuras de protección, como albergues o puntos de evacuación, además de protocolos de actuación y formación específica.

El objetivo es que las propias comunidades sean capaces de reaccionar con rapidez cuando ocurre un desastre. Además, los datos económicos avalan esta estrategia. Según explica Pablo Reyero, coordinador del equipo de Ayuda Humanitaria de Cáritas Española, cada euro invertido en prevención puede ahorrar hasta quince cuando finalmente se produce una catástrofe.
La preparación también resulta crucial en contextos de violencia prolongada. En el este de la República Democrática del Congo, donde la presencia del Estado es casi inexistente y numerosos grupos armados operan con impunidad, Cáritas impulsa un sistema de vigilancia humanitaria basado en la propia comunidad, llamado Comités Locales de Organización Comunitaria (CLOC).
Pablo explica que el programa permite a los habitantes identificar y denunciar violaciones de derechos humanos. «Son las propias comunidades las encargadas de informar sobre casos de vulneración de derechos, principalmente los perpetrados por los grupos armados que operan en la zona —señala—. Gracias a esa información se articula una respuesta y se mantiene la presión internacional para solucionar el conflicto».
Crisis crónicas
Aunque la prevención es clave, las crisis siguen produciéndose, y algunas duran años. Cáritas trabaja en estas situaciones en coordinación con organizaciones locales y con otros actores humanitarios para asegurar que la ayuda llegue con rapidez a quienes más la necesitan.
Uno de los contextos más extremos es el de los refugiados rohinyá en Bangladesh. Tras huir de la persecución en Myanmar, más de un millón de personas se concentran en Cox’s Bazar, considerado el mayor campo de refugiados del mundo. La minoría rohinyá, una de las más perseguidas del planeta, no es reconocida por ningún Estado y depende casi por completo de la ayuda humanitaria.
En ese escenario, Cáritas contribuye a asegurar el acceso al agua potable, al saneamiento y a alojamientos seguros, condiciones mínimas para mantener la dignidad de una población atrapada en un limbo legal y político.
Otra crisis prolongada es la de Venezuela, que, en medio de la incertidumbre que vive tras la detención de Nicolás Maduro, continúa atravesando una situación humanitaria grave que afecta especialmente a la alimentación de las familias.
«Cáritas desarrolla allí un programa de prevención de la desnutrición que realiza seguimiento a miles de niños menores de cinco años y a mujeres embarazadas o lactantes. En los casos necesarios, se proporciona alimentación enriquecida y se deriva a los menores a especialistas médicos», cuenta Pablo.
Las cifras reflejan la magnitud de la crisis: entre el 50 % y el 60 % de los hogares venezolanos consumen hoy menos alimentos o productos de peor calidad que el año anterior.

Reconstruir cuando los focos desaparecen
Sin embargo, la intervención humanitaria no termina cuando la emergencia inmediata pasa. «Cáritas no desaparece una vez la crisis ha dejado de ser mediática ni cuando la primera emergencia ha pasado», subraya Ana Cristina. «Nosotros nos mantenemos en esas fases posteriores de recuperación temprana y de reconstrucción del tejido socioeconómico de las poblaciones y comunidades afectadas».
Haití ilustra bien esta fase del trabajo. Tras sufrir durante décadas terremotos, huracanes y crisis políticas, muchas comunidades rurales han quedado devastadas. En lugar de limitarse a la ayuda de emergencia, Cáritas impulsa programas que buscan reconstruir la economía local.

“El objetivo es evitar decisiones extremas que muchas familias se ven obligadas a tomar en situaciones de escasez, como vender sus tierras, abandonar el medio rural o someter a sus hijas a un matrimonio precoz”
Un trabajo similar llevamos a cabo en el Sahel, una de las regiones más vulnerables del planeta al cambio climático y a la inseguridad alimentaria. En Mali, donde muchas familias dependen de una única cosecha anual cada vez más afectada por la sequía y la degradación del suelo, Cáritas impulsa bancos de cereales gestionados por las propias comunidades.

Estos almacenes permiten disponer de alimentos durante los meses previos a la nueva cosecha, cuando las reservas familiares se agotan y los precios del mercado alcanzan su punto más alto. «El objetivo es evitar decisiones extremas que muchas familias se ven obligadas a tomar en situaciones de escasez, como vender sus tierras, abandonar el medio rural o someter a sus hijas a un matrimonio precoz», recuerda Pablo.
Empoderar a las comunidades
Todos estos programas responden a un modelo de cooperación que prioriza el trabajo con nuestras Cáritas hermanas y con las personas y comunidades más vulnerables, allí donde se encuentren.
Cáritas Española forma parte de una confederación internacional presente en 167 países y territorios, y nuestra estrategia se basa en fortalecer las capacidades de las comunidades donde actúa. De esta manera, se consigue que el liderazgo permanezca en las propias comunidades, que suelen ser las primeras en responder cuando una emergencia golpea.
El objetivo final es «cumplir con nuestro mandato de asistir a las personas descartadas o no atendidas, es decir, las personas que no cuentan con ninguna red de protección o soporte local», concluye Ana Cristina García Morales, dejando clara la misión del trabajo de Cáritas en todo el mundo.
Sudán, la mayor crisis del mundo

La guerra en Sudán, que se prolonga desde hace ya tres años ante la pasividad de la comunidad internacional, ha provocado la mayor crisis humanitaria del planeta. Según Naciones Unidas, más de 33,7 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria en 2026. Además, la violencia y el hambre provocados por el conflicto han obligado a 15 millones de personas a abandonar sus hogares, incluidas 11,6 millones desplazadas dentro de Sudán y más de 4 millones refugiadas en los países vecinos del Cuerno de África. Cáritas Española se ha sumado a la respuesta humanitaria que está ofreciendo nuestra red internacional desde 2023 y, en la actualidad, apoya el programa conjunto CAFOD-Cáritas Sudán dentro de Sudán y a la población sursudanesa retornada en Sudán del Sur.



