Entrevistamos a Janeth Márquez, directora ejecutiva de Cáritas Venezuela

Han pasado apenas dos meses desde los cambios políticos que han sacudido Venezuela y, aunque el panorama sigue lleno de incertidumbres, ya se percibe en él algo que hacía mucho tiempo que no se veía: esperanza. Hemos tenido la oportunidad de hablar con Janeth Márquez, directora ejecutiva de Cáritas Venezuela, que nos ha contado algunos de los cambios que empiezan a notarse en el país. Uno de los más importantes ha sido la liberación de presos políticos. «Para el pueblo venezolano, para la población con la que trabajamos, la liberación de estas personas ha sido una gran alegría», afirma. Durante años, Cáritas ha estado apoyando y ofreciendo asistencia humanitaria a sus familiares

Acoger a los presos

Ahora, gracias a una Ley de Amnistía, ha comenzado la excarcelación de cientos de personas. «No estamos felices con toda la ley —cuenta Janeth—, pero ha permitido que, al menos, ya haya salido el 25 % de los encarcelados». Muchos de los liberados habían sido detenidos por motivos tan disparatados como «hacer una franela con un diseño patriótico, escribir un WhatsApp o dar un “me gusta”». Janeth recuerda especialmente a un grupo de seminaristas que estuvieron dos años en prisión por dar un “me gusta” a una publicación en redes sociales.

La salida de estas personas de la cárcel supone un desafío para sus familiares. Muchas regresan a hogares profundamente cambiadas tras años de ausencia. «Hay gente que estuvo diez años detenida y llega a una familia que ya es otra: hijos que se fueron del país, parejas que rehicieron su vida…». Cáritas acompaña ahora ese proceso de reinserción. «Acompañamos a personas que vienen destruidas».

Señales

En medio de este escenario, Janeth percibe señales contradictorias, pero alentadoras. «Es cierto que todavía no ha llegado la democracia a Venezuela y que estamos bajo la tutela de Estados Unidos, pero el ambiente en el país parece estar cambiando —apunta—. Nosotros decimos: huele bien; no sabemos si nos van a invitar a comer, pero el olor está ahí».

Y es que, tras años de deterioro económico extremo, algunos indicadores parecen haberse estabilizado. A finales de 2025, el país temía volver a una crisis similar a la de 2017, con una inflación disparada y una nueva oleada migratoria. Sin embargo, el inicio de 2026 trajo un giro inesperado.

Aun así, Janeth insiste en que la crisis humanitaria sigue siendo profunda. «En Venezuela ya no faltan tantos productos en los estantes, pero el problema es el acceso, porque los salarios siguen siendo muy bajos. Tenemos un sueldo mínimo de poco más de un dólar», recuerda.

El papel fundamental de Cáritas

Incluso si la economía mejora, no todos se beneficiarán al mismo tiempo. «En 2026 se van a quedar muchos atrás». Por eso insiste en que la Iglesia debe mantener su mirada en los más vulnerables.

A esa fragilidad se suma un nuevo desafío: el posible retorno de una parte de los ocho millones de venezolanos que salieron del país durante la crisis. Y aunque muchos ya han reconstruido su vida en el extranjero y no regresarán, Cáritas calcula que alrededor del 20 %, es decir, 1,6 millones de personas, sí lo harán.

Además, probablemente quienes regresen serán los más vulnerables. «Volverán los que están en Colombia, Perú o Ecuador, los pobres entre los pobres que se fueron los últimos, sin papeles y que están en peores condiciones. Nosotros, como Iglesia, tenemos que tener la capacidad de recibirlos», afirma.

En este contexto, Cáritas se prepara para una nueva etapa. Durante los años más duros de la emergencia, la organización se expandió hasta convertirse en una red enorme de apoyo comunitario. Hoy cuentan con unas 600 Cáritas parroquiales y 30.000 voluntarios, lo que tiene un gran mérito, porque eran «pobres ayudando a pobres».

Esa estructura, fruto de la crisis, es ahora una fortaleza para el futuro. «La crisis nos ayudó a construir una organización capilar, con estándares de gestión que nunca habíamos tenido». Y Janeth confía en que «esa red sea clave para la reconstrucción del país».

«La crisis nos ayudó a construir una organización capilar, con estándares de gestión que nunca habíamos tenido»