Sin paz en nuestro mundo

Solo cuatro días después de conmemorar el cuarto «aniversario» de la invasión rusa de Ucrania y recordar a las miles de víctimas que esta guerra sigue dejando en el corazón de Europa, una nueva «mecha del odio», como decía el papa Francisco, se ha encendido en otro lugar de nuestro agotado mundo. El pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel bombardeaban Irán, dando comienzo a un nuevo conflicto que no sabemos cuánto durará ni a dónde nos llevará.
Una vez más, la ira y la violencia se expanden por Oriente Medio, matando a personas inocentes, aumentando la inestabilidad en la región y poniendo en peligro las expectativas de paz que había para Tierra Santa.
La red internacional de Cáritas condenó «inequívocamente» los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano, y los de Irán contra Israel y otros países de la región. Además, se unió a la exhortación del papa León XIV, que, tras el rezo del ángelus del 1 de marzo, mostró su «profunda preocupación» por lo que está sucediendo. «La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable», dijo el Papa desde el Vaticano.
En medio de la escalada, los cristianos de esta «atribulada tierra» no pierden la fe. La Asamblea de Patriarcas y Obispos Católicos del Líbano ha emitido una declaración en la que recuerda que esta violencia amenaza la dignidad de la persona humana, que es un don de Dios, y socava los fundamentos de la justicia y la estabilidad. «Desde el Líbano, tierra de convivencia, pedimos el retorno a un diálogo constructivo y a una acción diplomática responsable, basada en la búsqueda del bien común de los pueblos que anhelan una vida pacífica fundada en la justicia y la dignidad».
Mientras nuestro corazón llora porque las bombas están sustituyendo al diálogo y los intereses geopolíticos de cada país pesan más que el multilateralismo y la fraternidad humana, nuestra fe nos anima a seguir esperando que, igual que ocurre en la Pascua de Resurrección que ahora vamos a celebrar, la luz triunfe sobre las tinieblas y que Dios conceda a nuestro mundo una paz justa y duradera.
“La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable” , León XIV



