Historias de jóvenes que tratan de construir su futuro a pesar de vivir en una realidad marcada por la pobreza y la falta de oportunidades.

Lucas Izquierdo. Cáritas Española

África es el continente más joven del planeta. El 60% de su población tiene menos de 25 años; un dato que, como explica Bárbara Lorenzo, técnica de Cooperación en Cáritas Española, «refleja un enorme potencial, pero también una fuerte presión». Millones de jóvenes buscan oportunidades de futuro en unas economías que no generan empleos suficientes. La consecuencia es una realidad marcada por la precariedad, donde el empleo informal, sin estabilidad de ingresos ni protección social, se convierte en la única salida para muchas personas.

Sin embargo, en esta dura realidad socioeconómica, que comparten la mayoría de los países africanos, emergen historias que hablan de dificultades, pero también de trabajo y resiliencia. En este reportaje os contamos las de algunos jóvenes a los que Cáritas acompaña en su camino de formación e inserción laboral.

Crecer en Mali

Clément Diarra

Clément Diarra es un chaval de 19 años de un pequeño pueblo cercano a Segú, la capital de Mali. Perdió a su padre siendo un niño, abandonó la escuela por falta de recursos y llegó a vivir en la calle durante meses. «Mi familia apenas conseguía comer», recuerda.

«En Mali nos enfrentamos a muchas dificultades —explica Clément—. La pobreza y la inseguridad que sufre el país afectan a nuestra vida cotidiana y a nuestras perspectivas de futuro». Hay regiones donde, incluso, las escuelas están cerradas debido a la violencia provocada por los grupos armados. La educación, además, no es gratuita, por lo que solo es accesible para aquellos que disponen de medios para pagarla.

Hoy Clément está aprendiendo carpintería en el centro de acogida de la AET («Action Enfants de Tous») apoyado por Cáritas. «En un futuro me gustaría tener un trabajo digno que me permita mantener a mi familia, establecerme como carpintero por mi cuenta y ayudar a otros jóvenes de mi edad que viven en condiciones difíciles», añade.

¿Migrar o no migrar?

A miles de kilómetros de Segú, en Nador (Marruecos), Manar Amin, de 18 años, comparte ese mismo deseo de estabilidad. Estudiante de cocina y restauración en el centro de formación Baraka, de Cáritas, lamenta la incertidumbre que sufre la juventud marroquí y que le lleva a buscar su futuro en Europa. «Entiendo que la gente quiera irse porque allí hay más oportunidades laborales, mejores salarios y protección de los derechos», opina Manar. Él mismo ha pensado en esa posibilidad, aunque confía en que el Estado y los propios jóvenes de su país «hagan un esfuerzo mayor para que la situación mejore».

Manar Amin

Entiendo que la gente quiera irse porque en Europa hay más oportunidades laborales, mejores salarios y protección de los derechos

Manar Amin, de 18 años

Clément, en cambio, tiene claro que va a seguir viviendo en Mali, pese a haber considerado migrar. «Preferí quedarme, porque no sabía lo que me podría pasar por el camino. Además, para mí es importante estar cerca de la familia, porque no tienen a nadie más que les ayude», explica.

Apuesta por el autoempleo

Pese a este contexto adverso, «hay algo que destaca por encima de todo: la capacidad de iniciativa de los jóvenes africanos», señala Bárbara Lorenzo. «Ante la falta de empleo, muchos de ellos deciden crear sus propias oportunidades en agricultura, comercio, servicios, en el sector digital, en energías renovables o en ámbitos creativos», añade.

«Eso sí, emprender no es sencillo», advierte Bárbara. Y es que siguen existiendo muchas barreras, como la dificultad de acceder a créditos, encontrar redes de apoyo o incluso saber por dónde empezar.

El apoyo de Cáritas

«Y es precisamente en este contexto donde cobra sentido nuestro trabajo —continúa esta técnica de Cáritas—. En Marruecos, Mauritania y Mali, trabajamos para reforzar las oportunidades de los jóvenes, mejorando su formación y acompañando procesos que van desde el apoyo al autoempleo hasta la inserción laboral, con el objetivo de que cada persona pueda construir su propio camino con más herramientas, más confianza y más oportunidades reales».

Hanane Richfa

Admiro los esfuerzos que hace Cáritas para ayudar a los jóvenes más vulnerables de la sociedad y acompañarlos para que tengan nuevas oportunidades. Yo siento que también puedo ayudarles a integrarse


Hanane Richfa

Hanane Richfa es formadora de cocina y servicio de restauración en el centro Baraka, donde estudia Manar Amin. Ella tiene una visión más esperanzadora sobre Marruecos y espera que su trabajo ayude a «construir un futuro mejor» para su país. «Admiro los esfuerzos que hace Cáritas para ayudar a los jóvenes más vulnerables de la sociedad y acompañarlos para que tengan nuevas oportunidades. Yo siento que también puedo ayudarles a integrarse», concluye Hanane.

Clément Diarra

«Hoy en día, los jóvenes africanos tienen grandes ambiciones. Aunque saben que deben enfrentarse a realidades más difíciles que los jóvenes de otros lugares del mundo, ellos siguen adelante con valentía y determinación».

Clément Diarra, 18 años, Mali.