«Necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía; ese que se comprende más con las manos que con las palabras». Papa León XIV

Gema Martín Borrego. Cáritas Española. Fotografías de EFE | Angel Medina

«Necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía; ese que se comprende más con las manos que con las palabras». Esta frase del papa León XIV, pronunciada durante su encuentro con grupos eclesiales y entidades dedicadas a la acogida de personas migrantes en Tenerife —Cáritas entre ellas—, pone de manifiesto el compromiso del Santo Padre y de la Iglesia con quienes llegan a «habitar una tierra nueva» y con quienes «reciben en su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro».

Y es que, para el Papa, integrar es «un camino recíproco», es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad.

Una sociedad diversa

España se ha transformado en apenas cuatro décadas en una de las principales sociedades receptoras de inmigración de Europa. Si en 1980 residían en el país unas 184.000 personas nacidas en el extranjero, en 2024 la cifra alcanzó los 8,8 millones. Hoy, además, uno de cada tres nacimientos corresponde a madres extranjeras, un dato que muestra hasta qué punto la inmigración se ha convertido en un factor decisivo para el crecimiento demográfico y la sostenibilidad futura de la fuerza laboral. De hecho, los flujos migratorios se han ido adaptando a las necesidades del mercado laboral, ocupando sectores con alta demanda, como la construcción o la hostelería.

Sin embargo, esa transformación no ha ido acompañada de procesos de integración suficientemente sólidos, y miles de personas continúan viviendo en una situación de extrema vulnerabilidad. Según el IX Informe FOESSA, «las personas de nacionalidad extranjera sufren niveles de exclusión social mucho más elevados que las de nacionalidad española [casi cuatro veces más exclusión severa y tres veces más exclusión total]; la incidencia es especialmente alta entre personas africanas» (ver gráfico 1).

Sin papeles, sin inclusión

La irregularidad administrativa se ha convertido en uno de los principales factores de exclusión social. Los datos de FOESSA revelan que el 67,5 % de las personas en situación irregular padece exclusión social, frente al 43,7 % de quienes tienen permiso. No tener papeles significa, en muchos casos, no poder acceder a un empleo formal, alquilar una vivienda, abrir una cuenta bancaria o desarrollar un proyecto de vida con estabilidad. Significa vivir en un limbo jurídico y social del que resulta muy difícil salir.

Loubna llegó a Cataluña desde Marruecos con dos hijos, estudios y la esperanza de encontrar un trabajo que le permitiera empezar de nuevo. La realidad fue otra. Los primeros meses los pasó en casa de una amiga, buscando oportunidades que no llegaban. «Tengo estudios y habilidades. Pensaba que esto me ayudaría a encontrar trabajos, aunque fueran sin contrato, pero me está costando mucho», cuenta.

Ahora vive en Manresa y, gracias al acompañamiento de Cáritas Diocesana de Vic, está estudiando, ha tramitado la tarjeta sanitaria para sus hijos y ha podido empadronarse. Desgraciadamente, no ha podido acogerse a la regularización extraordinaria de migrantes. Uno de los requisitos era estar en España antes del 1 de enero de 2026, y ella llegó solo unos días después. «Ha sido muy duro para mí», confiesa Loubna.

Ousmane Mbengue, un joven senegalés que lleva algo más de un año en España, recuerda una sensación parecida. «Mis primeros meses fueron un poco difíciles porque no conocía la ciudad ni el idioma; hasta el clima era diferente», explica.

El duelo migratorio

La educadora social Yousra Touri El Mansouri, que trabaja en Cáritas Vic como técnica de acogida y acompañamiento, habla del desarraigo como un proceso de duelo.

«Muchas personas nos comentan que extrañan pequeñas cosas de su vida cotidiana, como el sabor de los mangos, el color del cielo o el aroma del café. Migrar significa, con frecuencia, que la realidad de la persona cambie de manera drástica. A esto se suma que, al encontrarse en situación administrativa irregular y carecer de redes de apoyo, su vulnerabilidad se incrementa».

En efecto, como explica su compañera Jordina Sirolla, trabajadora social de Cáritas en Manresa, «la integración en esta primera etapa, en la que no tienen documentación, es muy complicada, porque están en tierra de nadie y en situaciones de verdadera fragilidad». Su existencia es «en modo supervivencia» y, así, es complicado establecer relaciones personales, lo que implica vivir una soledad que aumenta aún más el duelo migratorio. «Acompañarles en esta situación es muy difícil —reconoce Jordina—. Por este motivo creemos que las acogidas grupales permiten construir sus primeros vínculos con su nueva comunidad».

Acompañar en comunidad

Es precisamente en ese espacio entre la llegada y la integración donde nacieron las llamadas cápsulas grupales de acogida y extranjería impulsadas por Cáritas Diocesana de Vic. La iniciativa surgió para dar una respuesta grupal a necesidades comunes. Y es que las personas migrantes recién llegadas compartían las mismas dudas, los mismos miedos y las mismas necesidades.

Además, en Manresa, por ejemplo, el aumento de llegadas provocó listas de espera para las entrevistas individuales. «Esto generaba una enorme angustia entre quienes acababan de aterrizar en una realidad desconocida —explica Jordina—. Las acogidas grupales permitieron ofrecer una respuesta a esta situación y, al mismo tiempo, crear un espacio de socialización para combatir el aislamiento».

En 2025, alrededor de 500 personas participaron en las cápsulas de extranjería en Vic, Manresa e Igualada. Son espacios donde se ofrece información sobre derechos, empleo, salud, vivienda o trámites administrativos, y las personas participantes no solo reciben información sobre los servicios ofrecidos por Cáritas y las organizaciones con las que trabajamos en red, sino que también comparten experiencias, dudas y vivencias con otras personas en situaciones similares», apunta Yousra.

«Me hace ver que no estoy solo —añade Abderrahim, un hombre de origen marroquí que ahora vive en Vic—; conocer a otras personas que luchan por lo mismo que yo me da mucha fuerza». Su objetivo principal es «conseguir los papeles» y un trabajo.

Y es que, como señala Kaouthar Aouam, técnica de Preacogida de Cáritas Diocesana de Vic, «la situación administrativa irregular tiene un peso enorme, porque acaba condicionando prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana». La dificultad para acceder a un trabajo digno, a una vivienda estable o incluso a determinados derechos genera mucha inseguridad y frustración. «Muchas personas viven con la sensación de estar siempre esperando, sin poder avanzar realmente en su proyecto de vida», denuncia Kaouthar.

Incidencia de la exclusión social y de la exclusión social severa según la nacionalidad (2007–2024).

Incidencia de la exclusión social y de la exclusión social severa según la nacionalidad (2007–2024).


Fuente: EINSFOESSA, 2007–2024.

Acogida e integración

Por eso, Cáritas y la Fundación FOESSA creen que «la integración debe estar en el centro de la política migratoria y dejar de ser el “eslabón olvidado” para convertirse en el eje rector del nuevo ciclo migratorio». «Es un imperativo ético», advierten.

Y por eso todas las entidades de Iglesia apoyan el proceso de regularización extraordinaria de migrantes, cuya tramitación acaba de concluir. «Esta medida es un acto de justicia social para garantizar los derechos y la dignidad de quienes ya forman parte de la sociedad española, pero permanecían en situación irregular», aclaran. No en vano, es el refrendo al compromiso de más de 900 organizaciones que llevan cuatro años trabajando por la aprobación de la Iniciativa Legislativa Popular, que recabó más de 600.000 firmas para pedir esta regulación. Y, por fin, es una realidad que avanza hacia una sociedad más justa e inclusiva.