Cambio climático: ¿qué puede aprender España de Filipinas?
Los habitantes de Filipinas conviven desde siempre con ciclones, erupciones volcánicas y terremotos. En los últimos años, además, los fenómenos extremos parecen haberse intensificado. El país es hoy uno de los más vulnerables al cambio climático, pero también uno de los que más recursos dedica a prevenir y mitigar sus consecuencias. Su experiencia puede ofrecer algunas enseñanzas para España.
Oscar Martínez Heredia, representante regional para Asia de Cáritas Española
Un país acostumbrado al riesgo
El año pasado, entre octubre y noviembre, seis tifones o tormentas tropicales severas golpearon distintos países del este asiático. En Filipinas provocaron 174 muertes.
La tormenta tropical Trami —Kristine en Filipinas— dejó 159 fallecidos, 132 heridos y más de 600.000 desplazados, según OCHA. Las pérdidas materiales se estimaron en 102 millones de dólares y, en la región de Bicol, se registraron de media 900 litros por metro cuadrado de lluvia en un solo día. Poco después, el supertifón Man-Yi —Pepito en Filipinas— dejó varios muertos, cerca de un millón de desplazados y daños valorados en 261 millones de dólares.

Pero estos fenómenos no son excepcionales: se repiten cada año, especialmente entre julio y noviembre. Por eso, Filipinas ha convertido la prevención en una política permanente. En 2025 destinó 16.000 millones de euros a prevención y mitigación de desastres, un 18,3 % de su presupuesto nacional. Pese a ello, la corrupción y la creciente imprevisibilidad de los fenómenos climáticos siguen limitando la eficacia de estos esfuerzos.
La principal lección es sencilla: la gestión de una catástrofe no puede empezar cuando esta ya se ha producido. La prevención debe formar parte de la respuesta de todos los niveles de gobierno —municipal, autonómico y nacional— frente al cambio climático.
Reducir el riesgo antes de la catástrofe
Dentro de esa respuesta hay dos conceptos fundamentales. La mitigación actúa sobre las causas del problema: busca reducir las emisiones que provocan el cambio climático y aumentar la capacidad de bosques, suelos y otros ecosistemas para absorber CO₂. La adaptación, en cambio, actúa sobre sus consecuencias: consiste en modificar infraestructuras, procesos, ecosistemas y formas de organización social para reducir los daños y convivir mejor con unos efectos que, en parte, ya son inevitables.
En resumen, mitigar es intentar que el cambio climático avance menos; adaptarse es prepararse mejor para aquello que ya no podemos evitar.

La DANA mostró hasta qué punto un episodio extremo puede transformarse en una tragedia. En Turís se registraron hasta 630 litros por metro cuadrado, frente a los 900 litros registrados en Filipinas durante Trami. Sin embargo, en España fallecieron al menos 237 personas y los daños materiales alcanzaron los 12.000 millones de euros.
No se trata de comparar directamente ambos fenómenos, sino de recordar que el impacto de una emergencia depende también de otros factores: la densidad de población, la urbanización de cauces y llanuras de inundación y el funcionamiento de los sistemas de alerta.
La experiencia filipina demuestra que no basta con reaccionar mejor. También hay que reducir de antemano la vulnerabilidad de las personas y del territorio.
¿Invertimos suficiente en prevención?
España dedica una proporción mucho menor del presupuesto del Estado a la prevención, adaptación y mitigación del cambio climático, frente a porcentajes de entre el 9 % y el 18 % en Filipinas. Además, algunas administraciones han reducido estas partidas. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, el presupuesto de la Conselleria de Emergencias descendió un 46,7 % entre 2025 y 2026, de 439,3 a 234,2 millones de euros.
La comparación plantea una pregunta evidente: si sabemos que estos fenómenos pueden repetirse, ¿estamos dedicando suficientes recursos a anticiparnos?
La experiencia de ambos países apunta en una misma dirección: la prevención no es simplemente un gasto, sino una inversión para reducir daños humanos y materiales. Cada euro que se deja de invertir hoy puede acabar traduciéndose mañana en mayores costes de reconstrucción y, sobre todo, en consecuencias mucho más graves para las personas.
Cáritas: antes y después de la emergencia
Cáritas actúa cuando el desastre ya se ha producido, pero también trabaja para reducir sus consecuencias. Durante la DANA proporcionó ayudas de primera necesidad por valor de 2,5 millones de euros, habilitó nueve almacenes para donaciones y puso en marcha cuatro líneas telefónicas de emergencia.




En Filipinas, Cáritas Española trabaja junto a Cáritas Filipinas en prevención y preparación a través del Convenio Luzón Verde y, cuando es necesario, activa mecanismos de emergencia para atender a las personas afectadas, como ocurrió tras el tifón Tino.
En Cáritas sabemos hasta qué punto es importante invertir en prevención, adaptación y mitigación, porque estamos en primera línea junto a quienes más sufren cuando estas medidas resultan insuficientes.
Seguiremos estando ahí cuando llegue la emergencia, pero la respuesta social no puede sustituir la responsabilidad de los gobiernos. Su obligación es anticiparse, reducir los riesgos y proteger a la población antes de que llegue la próxima tormenta.



