La guerra no da tregua a Líbano
Los bombardeos sobre el país provocan una enorme crisis humanitaria, con más de 1,1 millones de personas desplazadas.
Gema Martín Borrego. Cáritas Española. Fotografías: Cáritas Líbano

Líbano es una tierra de asilo para muchos; un país diverso y tolerante con las diferentes culturas y religiones que lo enriquecen, pero también un país que, desgraciadamente, parece condenado a revivir su propia historia una y otra vez.
Y las bombas llegaron a Líbano
La escalada del conflicto en Oriente Medio ha llegado al sur del Líbano, la región más castigada históricamente por la guerra. Los bombardeos y el desplazamiento masivo de su población son el último capítulo de una crisis prolongada que arrastra desde hace décadas. «Lo que está sufriendo Líbano es un revival de los últimos cincuenta años, lluvia sobre suelo mojado», explica Bárbara Lorenzo, referente de Medio Oriente en Cáritas Española.
Desde la guerra civil (1975-1990) hasta la explosión del puerto de Beirut en 2020, pasando por la llegada de 1,5 millones de refugiados sirios y el colapso económico que vive el país desde hace más de una década, la sociedad libanesa ha visto cómo toda esta sucesión de tragedias iba erosionando sus estructuras políticas, sociales y económicas. Y ahora se enfrenta a una gran crisis humanitaria causada por los ataques israelíes, que han provocado el desplazamiento de 1,1 millones de personas en un país que no llega a los seis millones de habitantes.
La destrucción de infraestructuras clave, como los puentes sobre el río Litani, ha aislado regiones enteras, dificultando la huida de civiles y la llegada de ayuda. En apenas diez minutos, el 8 de abril, más de 300 personas murieron bajo una oleada de bombardeos.
Crisis de desplazados

El mapa humano del Líbano ha cambiado en cuestión de semanas. «El sur está casi vacío, y gran parte de Beirut también», cuenta Peter Mahfouz, responsable de Emergencias de Cáritas Líbano. «Cientos de miles de personas se han refugiado en centros de acogida, escuelas o casas de familiares, lo que genera problemas y tensiones —explica Peter—. A veces, las comunidades de acogida se niegan a aceptar a las familias desplazadas por temor a convertirse ellas mismas en objetivos».
Roser Gil, técnica de Ayuda Humanitaria de Cáritas Española, coincide con él. «Hay unas 140.000 personas acogidas en casi 700 centros gubernamentales y no gubernamentales, pero, además, hay miles de ellas en calles, parques y vehículos», explica. Las condiciones en los refugios son «muy complicadas». Hay hacinamiento, escasez de alimentos, colchones, ropa y artículos de primera necesidad, y poca higiene, lo que incrementa el riesgo de que aparezcan enfermedades transmisibles. Las mujeres, los niños y las personas mayores son especialmente vulnerables en estos espacios.
«Ahora mismo hay escasez de alimentos y agua, y los servicios públicos no funcionan —apunta Bárbara—. El país es incapaz de hacer frente a la cantidad de víctimas y heridos que acuden a los hospitales, porque el sistema sanitario está absolutamente colapsado; este sistema estaba basado en seguros privados, y con la crisis económica, la gente tuvo que dejar de pagar y elegir entre comer o tener sanidad», lamenta. Quienes padecen enfermedades crónicas han quedado relegados frente a esa avalancha de heridos. «La semana pasada, uno de nuestros beneficiarios nos pidió que le diéramos en efectivo el valor de su medicación mensual para comprar pan para su familia», cuenta Peter.
Cáritas, con la población

En medio de esta enorme crisis, «las prioridades humanitarias tienen que ver con ampliar la capacidad de los refugios y los servicios de salud, mejorar la asistencia humanitaria y reforzar la comunicación con las poblaciones afectadas», explicaba Roser.
Para ello, Cáritas Líbano ha puesto en marcha un plan de respuesta a la emergencia por valor de 1,7 millones de euros que cuenta con el apoyo de toda la red internacional, entre ellos Cáritas Española, que ha aportado hasta la fecha 150.000 euros.
El plan se articula en tres grandes ejes. El primero es el acceso a la salud, con especial énfasis en las unidades médicas móviles, una herramienta clave en un país donde el sistema sanitario ha colapsado; el segundo se centra en cubrir necesidades básicas mediante la distribución de alimentos, artículos esenciales y ayudas económicas directas; y el tercero aborda la protección y el refugio, incluyendo la gestión de albergues para población desplazada.
Con más de 1.800 voluntarios jóvenes desplegados por todo el país, Cáritas Líbano organiza convoyes humanitarios hacia las zonas más castigadas del sur, donde el acceso es peligroso, para intentar llevar ayuda al mayor número posible de personas. «Transportamos cajas de alimentos, agua, suministros médicos y combustible para los generadores», señala Peter, que explica que, desde el mes de marzo, han atendido ya a unas 230.000 personas.
El alto el fuego logrado en abril entre Hezbolá e Israel no ofrece muchas esperanzas a la población, que ve cómo el acuerdo se incumple sistemáticamente. Pero, a pesar de los bombardeos, muchas personas continúan en las aldeas del sur. «Preferirían morir antes que abandonar sus hogares», concluye Peter Mahfouz.



